Hanal Pixán: la comida de las ánimas

Conmemoramos el anhelado regreso de las almas de aquellos seres amados que se adelantaron en el camino, y a quienes –según la creencia- Dios les concede unos días para regresar a su hogar, con sus familias.

Por Fernanda Duque Hernandez sábado, octubre 29, 2016 comentarios

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El anhelado encuentro entre vivos y difuntos

 

Contrario de lo que se pueda creer, durante las festividades del Día de Muertos, los mexicanos no celebramos la muerte, sino la vida. Conmemoramos el anhelado regreso de las almas de aquellos seres amados que se adelantaron en el camino, y a quienes –según la creencia- Dios les concede unos días para regresar a su hogar, con sus familias.

 

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Como a cualquiera que se va por mucho tiempo, al alma del difunto se le recibe con alegría, con música y con un gran banquete de bienvenida, en el que se incluyen sus platillos favoritos.

 

 

Si bien esta tradición tiene una base común, en cada rincón del país se realiza de manera distinta, por ejemplo, en el sureste a esta fecha se le conoce como Hanal Pixán, que en maya significa ‘comida de animas’.

 

 

Tanto en las ciudades, como en los pueblos de la Península de Yucatán, la celebración de esta fecha es una costumbre fuertemente arraigada, que da inicio con una serie de rituales que preparan el camino de las ánimas.

 

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Como ya hemos dicho, esta es una celebración, una fiesta, una reunión familiar, que no puede dar inicio sin antes haber limpiado la casa, pues se cree que si se deja trabajo pendiente en el hogar, significaría una descortesía hacia el invitado de honor. 

 

 

Preparar el altar, no solo consiste en colocar la comida favorita del difunto, la ofrenda debe contener elementos que el ánima pueda ‘llevar’ consigo en su camino de regreso.

 

 

Algunos de los alimentos tradicionales que no pueden faltar son atole nuevo, jícamas, mandarinas, naranjas, dulce de papaya, pepita, agua, sal, tortillas, granos de maíz, tamales de espelón, entre otras delicias como el Pib (especie de tamal cocido bajo tierra) que se preparan especialmente para esta fecha y que son un deleite para vivos y muertos.

 

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En la tradición maya no se utilizan flores de cempasúchil, sobre el mantel blanco de la mesa -o del altar de tres niveles- se colocan Virginias y flores silvestres de color rojo y amarillo, conocidas como xpujuc extés.

 

 

En lo alto se coloca la fotografía del ser querido que se fue, para que éste pueda identificar su ofrenda; también se coloca una cruz ataviada con un hipil (referente al culto maya de la ‘cruz parlante’), un rosario, copal, velas negras, blancas, amarillas, verdes y rojas; colores que los mayas usaban para identificar los cuatro puntos cardinales.

 

 

Si el altar se prepara para recibir el ánima de un niño, este deben colocar flores de San Diego y los juguetes predilectos del pequeño, así como chocolate, pan de dulce, elotes tiernos, atole nuevo, dulce de pepita y frutas de la temporada.

 

 

A diferencia de otras regiones del país, el Hanal Pixán se divide en diferentes días.

 

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El 31 de octubre (U Hanal Palal) es la fecha en que llegan las almas de los niños, el 1 de noviembre (U Hanal Nucuch Uinicoob) se dedica a los adultos; mientras que el 2 de noviembre (U Hanal Pixanoob) se realiza la ‘misa pixán’, una ceremonia religiosa dedicada a las animas y que por lo general se realiza en el cementerio local.

 

 

A las ánimas solas –aquellas que no tienen familia o un altar propio- se les ofrece en un rincón de la casa comida extra, agua, tortillas y una vela para que puedan continuar con su camino.

 

 

Durante estas fechas las familias rezan para pedir por el bienestar del difunto, las mascotas permanecen amarradas para que no espanten o bloqueen el camino de las ánimas al altar y no se caza ni se costura.

 

 

Como la mayoría de las costumbres mexicanas, el Hanal Pixán es una mezcla de tradiciones católicas con ideas de la cosmovisión maya de la muerte y del inframundo.

 

 

La celebración del Día de Muertos, así como del Hanal Pixán, se basa en la creencia de que el alma de una persona no muere, ésta sigue viva en el pensamiento y en el recuerdo de su familia y amigos, quienes año con año, lo esperan con entusiasmo para convivir juntos una vez más.